martes, 23 de noviembre de 2010

abismo

Claudia estaba desesperada. No era un estado mental de tortura, sino un embotellamiento de ideas encontradas, confusas y lastimeras, que haciían de su vida cotidiana una cárcel de alta seguridad, sin escapatoria posible.  
   Fingir despreocupación y soltura, con la habilidad de las personas seguras de sí mismas era el papel que mejor sabía interpretar en la película de su vida.
   Pero en la oscuridad de la noche, y a esa hora clave e indeterminada donde el alma perturbada le abre los brazos al insomnio, y se desnuda frente a él para confesarle aquellos miedos escondidos de la luz del sol, abre la mente y libera los sentidos.
   No puede pensar, ni razonar. No busca el camino sino la llegada. No analiza el problema, sólo quiere soluciones. Quiere saltear el escalón de la introspección para evadir el dolor, la verguenza, el fracaso....
   .....Las horas pasan y la madrugada de Claudia pasa con ellas. Falta poco para que despierte un nuevo día, pero ella no quiere verlo. Tampoco tiene ganas de explicar porqué.
   Prefiere sumergirse lentamente en ese mar de nada, y quedarse para siempre allí transitando ese mundo paralelo e invisible, donde lo imposible se hace posible.