jueves, 27 de enero de 2011

ASESINATO DE MEDIANOCHE

   Ser policía es un duro oficio, y la imaginacion popular ve las pistolas vomitando fuego en oscuros callejones y cuerpos ensangrentados rodeando las escaleras.
   Y, sin embargo, Pedro Gonzales, de 33 años, oficial exonerado por una falsa acusación, no podía aceptar estar trabajando como empleado publico siendo que su mayor ambición era tener un auto y recorrer la ciudad, escuchando rock para no dormirse, tratando de encontrar los criminales que andaban al acecho de inocentes victimas.
   Salio de trabajar a las ocho rumbo a su casa, muy desalentado, impávido, navegaba en un mar alucinante. Llegaría cansado y su histérica mujer le daría de cenar -otra vez-ravioles con pollo. Era mejor no volver esa noche. Diría que de tan atareado en la oficina, la única solución seria no dormir y terminar.
   Camino...Camino hasta caer rendido en el banco de una plaza, observo a su alrededor y a lo lejos, oyó los gritos de una mujer, que aterrada pedía auxilio. Corrió.
   Se acerco al lugar que producía escalofríos. Solo había rasgos de miseria y suciedad...Y el cuerpo de una mujer que yacía muerto, ensangrentado y destrozado en el suelo...
   Llamo a quienes en un tiempo habían sido sus colegas.
   ...Una vez con el forense...
-Gonzales, acercate, quiero que veas algo.
El hombre palideció, gotas de sudor corrieron  por su frente y las palabras enmudecieron en su boca.
-Dime como fue, dime lo que observas...
-La muerta tenia 12 años, un metro sesenta y dos y cincuenta kilos. Fue degollada y brutalmente descuartizada. El asesino o los asesinos debieron usar diferentes tipos de cuchillos, quiere decir que quien lo hizo es un experto; y lo que es peor, se la toma en serio.
También, encontré restos de drogas, inyectadas desde hace algún tiempo. La chica era prostituta, y aparentaba mas edad de la que tenia.
-Era una  pequeña niña...
-Y no fue por robo -prosiguió el forense- en su dedo conservaba un anillo de diamantes. Obsequio de uno de sus clientes, seguro.
   El comisario se encargara del caso.
-No! -grito Gonzales- el caso es mio. La ley se olvidara de ella en un mes y yo voy a encontrar al bastardo para romperle todos los huesos.
   El oficial que había acudido al llamado de Gonzales, se encontraba presente y trato de hacerlo entrar en razón.
Estaba pasando por una terrible situación, una vez había sido expulsado de su cargo y hoy solo era un común y corriente empleado publico. Le convenía dejarlo en manos de la justicia, para no crearse mas problemas.
Pero fue inútil, Gonzales se acerco al maloliente  y deshecho cadáver, y con lágrimas en los ojos, juro venganza.
-Esa mujer asesinada tan cruelmente, se llamaba Diana Gonzales y era mi hija....
   En el viejo bar de aquel lugar, Pedro Gonzales contaba su historia. Se caso joven, se llevaba mal con su mujer; su hija, que no soportaba las discusiones se fue de la casa y no volvió a verla hasta hoy.
   Esa noche no hubo peleas, ni un plato de ravioles, ni una palabra, solo el silencio era el protagonista de aquellas horas que se tornaban eternas...